San Juan María Vanney, el Cura de Ars

"Patrono de los Párrocos"

4 de Agosto del 2020

Ya al caer de la tarde y acercarse el terminar el día de hoy, 4 de Agosto, no podíamos dejar de dedicar este espacio a San Juan María Vianney, "Patrón de los PÁRROCOS", y ¡¡Felicitar a todos los Párrocos de nuestras Iglesias!!, muy especialmente al nuestro de las Parroquias de San Fernando y Fataga, Don Francisco, pero con el mismo cariño, felicitarlos a TODOS: los de nuestra diócesis de Canarias, los de toda España, y los de todo el mundo, en todos los continentes. Vemos que las vocaciones son pocas, hay menos sacerdotes para sustituir a los que ya se van haciendo mayores, pero es bonito ver que a pesar de la edad de muchos de ellos, siguen manteniendo la ilusión, las ganas de animar, de estar dónde hay que estar, de crear parroquia, de mantener la iglesia y la Fe.

Muy especialmente es esta pandemia que estamos viviendo, hemos sentido y visto su cercanía: cierran las parroquias, pero todos buscaron la forma de seguir junto a nosotros y mantenernos unidos; seguimos en la lucha de la pandemia y con restricciones, pero ellos siguen manteniendo la unidad de sus parroquias, manteniendo viva la Fe de sus feligreses.

En los hospitales, los vemos al pie de los enfermos, y fuera de los hospitales, junto a los que se han ido y sus familiares; en los barrios, pueblos, países de mayor necesidad, al pie de sus parroquias, contribuyendo con la oración pero también contribuyendo con su propio trabajo en la atención de las necesidades más elementales de los que acuden a ellos, manteniéndose en pie, aún cuando en muchos países de latinoamérica, se ha visto como han saqueado las Iglesias, las parroquias, sin más fin que el de destrozar y profanar. Pero allí está su párroco, con un adelante para él mismo y para todos los miembros de su parroquia, sin dejar que decaiga la fe.

Sabemos de forma cercana como lo hemos vivido y seguimos viviendo en nuestra parroquia, con esa frase que ya se ha convertido casi en un lema en las palabras de Don Francisco "SIEMPRE UNIDOS", e igual lo hemos visto en todas las parroquias, y nos hemos unido unas con otras, para celebrar juntas nuestra fe, apoyarnos y celebrar juntos las fiestas de los patronos / patronas de las distintas parroquias, celebraciones que este año se están haciendo de una forma distinta pero muy especial e igualmente hermosa, ayudándonos de los medios de comunicación de los que disponemos, compartiendo unos con otros lo que tenemos sin necesidad de pedirlo. Hermoso trabajo por parte de nuestros párrocos y las parroquias, que nos permiten dar un valor muy especial a la labor de los sacerdotes, de nuestros párrocos.

De esto modo, con las propias palabras de San Juan María Vanney, pidamos al Padre Bueno que:

"Mire desde el cielo a esta porción de la Iglesia (los párrocos), para que cedan su altísimo ministerio en         Mayor Gloria de Dios y en el bien del rebaño de Jesucristo".


San Juan María Vianney

La Iglesia celebra cada 4 de agosto a San Juan Bautista María Vianney (1786-1859), conocido como el Santo Cura de Ars, debido al nombre del pueblo en Francia donde sirvió por muchos años: Ars-sur-Formans, ubicado a 30 Km de la ciudad de Lyon.

San Juan María Vianney es el patrono de los sacerdotes, en especial de los PÁRROCOS.

Es considerado el paradigma del buen confesor. Poseía dones extraordinarios como la profecía o la capacidad para conocer las almas y penetrar sus intenciones. Fue un hombre muy humilde y de gran discernimiento, modelo de pastor. En repetidas oportunidades, fue blanco de los ataques directos del demonio, lo que supo enfrentar con su alma ligera, fortalecida por la gracia, la mortificación, la oración y el servicio. Su pasión por la salvación de las almas lo llevó a pasar frecuentemente largas horas en el confesionario, con el propósito, como solía decir, de "arrebatarle almas al demonio". Su sencillez fue ejemplar, al punto que vivía desprendido de las cosas materiales. Regaló hasta su propia cama, por lo que adquirió la costumbre de dormir en el suelo de su habitación. Llevó una vida ascética: practicaba habitualmente el ayuno y cuando no, le bastaba comer algo muy sencillo. Solía decir que "el demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de piel, como a la reducción de la comida, la bebida y el sueño". Son bastante conocidos los episodios en los que el demonio trató de amedrentarlo o distraerlo. En una oportunidad hizo temblar su casa hasta por 15 minutos para que deje de orar; en otra ocasión quiso que abandone la misa que estaba celebrando, causando un incendio en su habitación. El santo mandó a otras personas a apagar el fuego y no se movió del altar. También hubo noches terribles para él, en las que el demonio hacía ruidos para no dejarlo dormir, mientras se burlaba sugiriendo que abandone el ayuno. A San Juan María Vianney también le tocó vivir tiempos convulsionados, posteriores a la revolución francesa.

Una de las cosas que había dejado la revolución era un ambiente de incredulidad entre mucha gente. Muchos se apartaron de la fe y cada vez eran más los que no querían saber de Dios. El Cura de Ars se propuso atender esta necesidad dedicándole mucho esfuerzo a la preparación de sus sermones. El Santo pasaba noches enteras en la sacristía componiendo y memorizando lo que iba a decir, consciente de la fragilidad de su memoria, poniendo todo su empeño para lograr ser un buen predicador, hacerse entender y transmitir el Evangelio a cabalidad.

Se ocupaba con mucho cariño de la instrucción de los niños en el catecismo e intentó combatir las malas costumbres que apartaban al pueblo de la Iglesia, especialmente los días domingos: luchó para que los trabajadores no fueran obligados a trabajar los fines de semana, o para que las tabernas permanezcan cerradas ese día y la gente vaya a misa. Más de una vez causó polémica entre sus feligreses cuando condenaba que se malgaste el dinero y el tiempo en diversiones superfluas. En una de sus homilías llegó a decir "la taberna es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar".

Con el tiempo, su popularidad fue creciendo y llegaron a ser miles las personas que llegaban a Ars -incluso desde lugares muy lejanos-, para confesarse con él.

San Juan María fue un hombre de profundo amor por la Virgen María, a quien consagró su parroquia y su servicio sacerdotal.

El sábado 4 de Agosto de 1859, el Santo cura de Ars partió a la Casa del Padre. Tenía 73 años. Fue canonizado en la fiesta de Pentecostés de 1925 por el Papa Pío XI. Este 13 de agosto se cumplirán 205 años de su ordenación sacerdotal, realizada en 1815.

¡Oh paradigma del pastor de almas!

El supremo jerarca de la Iglesia Pío XI
te declaró patrón de todo el clero secular.

Mira desde el cielo a esta porción de la Iglesia,
para que, estando ella a la altura de su misión,
ceda su altísimo ministerio en mayor gloria de Dios
y bien del rebaño de Jesucristo.

Amén.

Te amo, Oh mi Dios.                                                                                Mi único deseo es amarte, hasta el último suspiro de mi vida.            Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,                                                y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.                       Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno,                          porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor.              Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro. Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,                                y de amarte mientras que sufro,                                                             y el día que me muera,                                                                          no solo amarte sino sentir que te amo.                                                Te suplico que mientras más cerca esté de mi hora final,            aumentes y perfecciones mi amor por Ti.

Amén.